martes, 13 de abril de 2010

Frase

Durante un buen tiempo hace unos años, una frase rondó mi cabeza. No sabría decir si fueron semanas o meses, pero así sucedió. Eran 21 palabras que se repetían una y otra vez y que no hallaba dónde escribir (no tenía blog en ese tiempo) o cómo darles un contexto.

Así pasaron los días, las semanas, los meses, hasta que encontré el lugar perfecto para ponerlas: un poema. Lo incluí en un escrito aún inédito y lo titulé "El Poema del Soldado Muerto y la Espada Desenvaindada". Esta frase dice así:

Quien vive con miedo a la muerte, no puede vivir,
pero, quien vive con miedo a la vida, no merece vivir.

En un curso al cual estoy asistiendo, nos pidieron que escribiéramos una frase que consideráramos nuestro lema. De pronto, esta frase que estaba en el olvido prácticamente, se me vino a la mente y la anoté.

Cuando pidieron que la leyéramos, no imaginé la reacción: caras de sorpresa ante una frase que nadie esperaba tan directa. Incluso, el instructor me pidió que la repitiera, porque lo tomó desprevenido. Un compañero del curso, quien es estadounidense, no comprendió del todo lo que dije y pidió que le tradujeran. Otro compañero, asistió en esa tarea, pero lo hizo de tal manera que sonó más fuerte y fascista que la original:

If you are afraid to die, you cannot live,
If you are afraid to live, you deserve to die.

De inmediato corregí lo que dijo, pero no creo que haya influido. El daño estaba hecho. Este problema de traducción, me recordó una frase que dijo Einstein y que es imposible de traducir sin que se pierda el sentido de la frase o el juego de palabras que plantea:

Gravitation is not responsible for people falling in love.

Yo no creo que nadie merezca morir. Creo que el sentido de la frase más bien es que, para vivir adecuadamente, no debes temer a la muerte y sólo se puede vivir plenamente cuando no se teme vivir. Algo así como "si lo haces sin la intención de hacerlo bien, ¿para qué lo haces?" No hay que tenerle miedo a la muerte, pero sobre todo, hay que atreverse a hacer las cosas, porque solo se tiene una vida y se debe aprovechar. Si no lo haces, antes que morir, más bien nunca mereciste la vida en un principio. Como diría El Hombre Araña Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

La vida es un gran poder y la única responsabilidad a la que nos obliga es, precisamente, a VIVIRLA

Ahora, como que me ven con algo de miedo, pero no era la intención. Aprendí, gracias a esto, que hay que tener cuidado de lo que se dice, con quién se dice y que, generalmente, las traducciones hacen que se pierda el sentido de lo que se dice. Si bien, a los hispanohablantes les pareció fuerte la frase, a los no hispanohablantes les pareció sacada de la mismísima mente de Il Duce.

domingo, 11 de abril de 2010

Invádeme

Camina conmigo, dame la mano,
llévame, tómame, acércame a ti,
hazme tu piel y hazme tus alas,
déjame tocarte (tocar tus heridas).
Lávate conmigo -con estas lágrimas-,
el lodo del rostro, así sea mascarilla.

Unamos las manos, los pies, los lunares,
también las heridas, unamos las sangres
y salvemos al mundo, hagámoslo juntos,
no saltemos del barco aunque haga agua;
Comamos tú y yo carne fresca, aunque
esté cruda, aunque sea la nuestra propia.

Invádeme como a Troya, igual que a la luna,
como se roba un beso o se roba un corazón,
calma mis ansias, mis ansias rudas,
mis ansias locas, mi razón y mi ciencia,
calma mi paciencia, corta mi raíz de raíz,
cala mi ropa a tu pecho y mi alma a la tuya.

Y, camina conmigo, dame la mano,
llévame, tómame, acércame a ti,
porque juntos somos, vimos, vivimos,
sólo juntos salvaremos al mundo,
juntos como la luna y sus estrellas,
juntos, juntos... hasta no poder más.

viernes, 9 de abril de 2010

Estoy cansado

Estoy cansado de esta sequía; de estas manos que quieren escribir; de estos ojos y estas corvas que mueren por mirar un papel en blanco convertirse en un cuento o un poema y de cansarse de estar sentado durante horas dilucidando qué escribir, cómo escribirlo y darme cuenta después, que pude haberlo escrito mejor.

Estoy cansado porque no lo hago, porque no tengo tiempo. Es cierto, no soy un poeta atormentado (ni siquiera un poeta... no lo soy... no quiero serlo) y no tardo semanas enteras decidiendo qué palabra escribir o dónde poner o quitar una coma. Pero no tengo tiempo de todos modos. Tengo sobre mi escritorio "Peligros" de un tal Evaristo Salazar. "A ése lo conozco", pienso. "Él era como quiero ser: escribía y escribía", pero lo hacía porque podía. Yo no puedo, no tengo tiempo.

Ahora, me asfixian los pendientes, se apilan las tareas y me estoy cambiando de trabajo. Es una transición que pesa, pero pesa más porque no puedo, no tengo tiempo de saciar esta sed de mi cuerpo por escribir una palabra más.

Duelen las manos, como cuando uno no juega mucho tiempo y toma la raqueta una vez más.

domingo, 17 de enero de 2010

Gracias

No habia escrito nada desde que todo sucedió, porque no sé qué escribir. Ha sido todo tan repentino que no me salen las palabras adecuadas para describir cómo me siento.

Me tomaste por sorpresa y eso debo agradecértelo. Me conozco y sé que eso ayudó a que sucediera. Y ahora, después de que levantarme de esta revolcada que me ha dado tu marea, de sacudirme la arena pegada y abrir los ojos a un cielo cada vez más despejado, quiero escribir algo para ti y no sé qué decir.

Son tantas cosas las que rondan mi mente. Son tantos pensamientos que no me dejan pensar. Son tantas palabras, tantos besos, tantas miradas... y todas ellas te rondan a ti. Creo que eso es lo que quiero escribir. Creo que ya encontré la inspiración.

Gracias, hechicera del agua, por hechizarme. Gracias por ayudarme a entender que, a veces, la felicidad llega sin que nos demos cuenta de por dónde y cómo ni cuándo... ni siquiera porqué. A lo mejor no lo merezco, pero has traído a mí esa felicidad que he buscado como loco, hasta encontrarte a ti.

viernes, 8 de enero de 2010

Es que esta vida

Que me hunda en este río congelado,
que me tomen y me tiren y me cuelguen
del mástil más alto
o del paredón más baleado.

Que me parta en dos una sonrisa,
que me canten y me ensordezcan
a gritos destrozados,
a tumbos de animal rengo,
a suelos fracturados como gotas
del rocío pasajero de diciembre.

Que me cieguen como a Borges,
que me saquen los ojos y los quemen,
que los rompan
y también mis oídos;
que me dejen ciego y sordo y loco,
que me encierren para siempre
como un demente venido a menos
como soldado que ha huído,
como carnada que se han comido.

Que me tomen del cuello
y a bofetadas me manden a otro mundo,
que me borren cualquier recuerdo,
que me saquen cualquier imagen,
que sea para siempre,
que me vaya sin despedirme...
Es que esta vida
me recuerda demasiado a ti.