domingo, 21 de agosto de 2011

Musa

Sin miedo a equivocarme, puedo decir que las dos mejores musas se llaman Tristeza y Soledad



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martes, 5 de julio de 2011

Nole, el ídolo


Los países necesitan ídolos. Las estrellas son necesarias para alumbrar todos los cielos. A veces, esos ídolos se crean. En otras ocasiones, las más contadas, pero las más grandiosas, esas estrellas nacen por sí solas y brillan con su propia luz. Los ídolos de piedra son tallados por aquellos que desean fervientemente tener sobre quién volcar sus esperanzas y sus rezos. Los ídolos que se construyen solos se ganan los rezos a base de acciones. Y, en estos días, un ídolo que se venía generando, explotó y, ahora, deslumbra ese cielo que le había apartado un lugar.

El pasado domingo, el serbio Novak Djokovic terminó con siete años de reinado de dos gigantes del tenis: Roger Federer, el mejor tenista de todos los tiempos, y Rafael Nadal, el mejor jugador del mundo hasta ese domingo. Desde 2002, nadie, además de el suizo y el español, había podido ganar el torneo más prestigioso del tenis: Wimbledon. Y 'Nole' lo hizo, para hacerse de un lugar en la historia del tenis: el primer número uno del mundo en los últimos siete años, diferente a Federer y Nadal.

Este año ha sido de ensueño para Novak. Dentro de sus logros en 2011 se cuentan este torneo de Wimbledon y el Abierto de Australia, además de los torneos de Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, entre otros. Ha ganado todos los partidos que ha jugado, excepto la semifinal de Roland Garros ante R-Fed (muchos coincidimos en que, de no ser porque Federer salió ese día como poseído por el mismísimo chamuco, Nole se habría alzado con el abierto francés, también). Su marca en lo que va del año: 48 partidos ganados, 1 perdido.

Para quienes no lo han visto jugar, Novak vendría a ser como un punto intermedio entre la perfección y naturalidad de Federer y la garra y velocidad de Nadal, con un poco del juego semi-lento de Andy Murray. No comparte la fuerza de Nadal, pues esa fuerza se la da el tipo de juego forzado que maneja. Por el contrario, Djokovic basa su regularidad y su racha de victorias en una capacidad sobresaliente de adaptarse al tipo de juego del contrincante, en su velocidad para decidir sus jugadas, a la variedad de tiros que maneja y a una constancia mental, física y tenística que pocos comparten.

Pero más allá del talento para jugar que tiene, Djokovic es una de esos jugadores que da gusto ver disputar un partido. Siempre ha sido el bromista, el carismático, el que quieres tener como amigo porque siempre te hará reír. Es conocido por su juego, pero también por su humor agrio que le ha valido algunas críticas por parte de sus contrincantes (quienes, de cualquier manera son sus amigos). En varias ocasiones, se le ha visto imitando a Federer, Nadal, Roddick, Sharapova o algún otro jugador (incluso a John McEnroe, quien lo retó a disputar dos puntos en el Abierto de Estados Unidos de 2009), dando muestra de su ligereza de carácter. En los juegos, se ve cómo se divierte y cómo le gusta dar espectáculo.

En cada premiación de este año, Nole se ha visto preocupado en tratar de dar sus discursos en el idioma del país donde se lleva a cabo. Este año sorprendió a un servidor al recibir el trofeo en Roma, con un discurso en italiano. En Roland Garros trató de dar una entrevista en francés, aunque se notó que no es su fuerte el idioma galo. Me imagino a Djokovic como una de esas personas medio dementes que no pueden dormir y que, tras de entrenar, se va a su cuarto de hotel y se pone a estudiar una nueva lengua.

El domingo, se veía al crew de Djokovic en su palco, apoyando a Novak. Se podía notar que son gente humilde, de un gran corazón, que gusta de los pequeños placeres de la vida, y que estaban ahí porque es tan importante para ellos, como es para Novak compartirles sus triunfos. Quizá esto lo digo porque para mí, la familia es lo más importante, pero realmente me conmovía ver a sus padres, su hermano y su novia, con el corazón volcado en él, prácticamente jugando con él el partido. Mi corazón latía con fuerza, porque parecían sacados de una película. Y, al final, el júbilo... Gana Djokovic y el palco con su gente más cercana, la gente que más quiere, gritando de alegría, de victoria, porque la victoria es tanto de él, como de ellos. Se les veía felices, realmente felices. Se pusieron camisetas que mandaron hacer para apoyarle y comenzaron a saltar y cantar. Por otro lado, el presidente de Serbia, celebrando de igual manera. A unos cuantos miles de kilómetros de allí, el pueblo entero de Serbia que ve ganar a su ídolo, ve nacer su primer héroe como pueblo independiente: ése que siempre lleva a su país en el corazón; ése que, a diferencia de los demás grandes, juega la Copa Davis defendiendo los colores de su nación y los guió a ganarla por primera vez (Nadal y Federer casi nunca la juegan, alegando lesiones); ése que se asume como el ídolo que es y que no pierde el piso.

Novak Djokovic juega con el corazón y eso es lo que lo diferencia de los demás. Nole es el número uno del mundo, quién sabe por cuánto tiempo. Sin embargo, su carácter, su entrega, su carisma, su talento y, sobre todo, su gran corazón lo hacen realmente un jugador a imitar (como él hace con los demás); ese corazón que lo hace ser una gran persona, el orgullo más grande de su familia y el héroe de su país. Algún día, yo le contaré a mis hijos de su majestad Roger Federer, 16 veces campeón de Grand Slams y de cómo no había nadie en el mundo que le pudiera ganar, del toro Rafael Nadal, 10 veces ganador de Grand Slams, el más joven en ganarlos todos y el mejor jugador en arcilla del mundo... y del 'Djoker', Novak Djokovic, el único que se ha podido erigir como el héroe, el ídolo, la más grande figura de un país entero.


miércoles, 8 de junio de 2011

Necesitamos más Chicharitos pt. 2

Justo ayer sucedió. Ayer, todo fue más claro y todo es más sencillo de entender y explicar.

Necesitamos más Chicharitos. Muchos más Chicharitos.

Dicen que las comparaciones son odiosas pero, en este caso, lo creo necesario.

Goleadores ha habido muchos en México. Ahí están Enrique Borja, Salvador Reyes, Zaguinho, Carlos Hermosillo y Hugo Sánchez. Pero no necesitamos más de ellos. Necesitamos más Chicharitos. Y es que ayer encontré el ejemplo perfecto de por qué necesitamos más gente como él.

Al llegar la selección a Charlotte, Carolina del Norte, segunda sede del Tri en la Copa Oro 2011, dentro del grupo de gente que fue a recibirlos, se encontraba una muchacha mexicana llamada Jessica. Puede parecer poco menos que ordinario, porque Jessica es un nombre común y mucha gente espera a la selección en su hotel de concentración en los diversos certámenes en que participa. Bueno, pues, sucede que Jessica sufre de Espina Bífida, una enfermedad incapacitante. En su silla de ruedas, esperaba ver a la selección y, especialmente, a Javier Hernández, el ídolo de la afición. Al bajar del autobús, sin que nadie se lo pidiera, Hernández vio a Jessica y, sin dudarlo, fue hacia ella para darle autógrafos y tomarse fotos con ella. Jessica lloró de la emoción, como casi está haciendo su narrador en estos momentos. Estoy seguro que, a pesar de vivir en un país con una infraestructura infinitamente superior a la de México, como es Estados Unidos, su vida no ha sido para nada fácil. Batalla contra muchos obstáculos que se le presentan. Sin embargo, estoy seguro, también, de que Jessica nunca va a olvidar ese momento en que su ídolo, ése que le mete goles cada domingo a los mejores porteros del mundo, en los mejores estadios del mundo, contra los mejores equipos del mundo, se tomó el tiempo de ir con ella para hacerle un poquito alegre un momento.

Goleadores ha habido muchos. Chicharitos pocos. En otra anécdota que viene al caso, un amigo mío, en una ocasión, se encontró en el aeropuerto de la Ciudad de México, con el equipo de los Pumas de la UNAM. En aquellos ayeres, el equipo de Universidad era dirigido por el pentapichichi, goleador, certero y letal Hugo Sánchez. Mi amigo buscó algo en qué pedirle un autógrafo y se acercó al gran futbolista. Cuando mi amigo le pidió su firma, Hugol, con un gesto despectivo, sin voltear a verlo, le dijo tajantemente: "No puedo. Estoy leyendo el periódico."

Chicharito es especial por eso. Es exageradamente bueno para jugar futbol. José Mourinho, técnico del Real Madrid, ha comenzado a buscar negociarlo, pero Sir Alex Ferguson, su homólogo del Manchester United, equipo donde juega Hernández, ha dicho que Javier es intocable y que ni Higuaín o Benzemá lo harán cambiar de parecer. A pesar de ello, entiende muy bien dónde está y que es gracias a esa gente como Jessica que gana las 50,000 libras semanales que le pagan. Se gana su salario con su calidad deportiva; se quita cualquier envidia de encima con su calidad humana.

Necesitamos más Chicharitos porque sólo el Chicharito ha logrado comprender que no estaría donde está si no fuera por esa gente que va a los estadios a verlo meter sus goles de cara y de nuca. Chicharito es especial porque hace llorar a sus fans de alegría, no de tristeza (imaginen si mi amigo hubiera sido un niño pequeño o alguien como Jessica que con esfuerzo va a ver a su ídolo). Chicharito es especial porque trabaja bien y sabe para quién trabaja.

Todos gritemos su nombre. Coreemos su nombre. Él es el verdadero ídolo. Qué más da si es técnicamente más limitado que Giovani dos Santos o Andrés Guardado. Qué más da si juega en el América alguna vez. Qué más da si mañana decide retirarse y jamás rompe los récords de Hugo o de Hermosillo. Para mí, ya se ganó su lugar como el mejor jugador mexicano que ha habido. Para mí, ya es el ídolo que México necesitaba.

martes, 31 de mayo de 2011

Nadal, el malquerido


Hace algún tiempo, contrariado, el tenista español (seguro se enojará si digo que es español, pero, para todo el mundo, la gente nacida en España se llama así) Rafael Nadal, reclamó al público de Roland Garros la actitud que suele tener hacia él: vitoreando con fuerza los aciertos de sus rivales y siendo poco corteses con él. Esta situación es muy común en casi cualquier torneo que juega. Normalmente es el niño que nadie pela, que a todos les cae gordo, que pocos lo toman como su jugador favorito y que muchos, secretamente o no tanto, quieren que pierda.

Es difícil entender por qué sucede esto. Y es difícil porque podría parecer que da más razones para ser el favorito de todos: tiene un juego que pocos contrincantes pueden descifrar, lo cual lo hace casi invencible (sólo Novak Djokovic parece haberle agarrado la mano al chango), es el número uno del mundo, el jugador más joven en lograr el Career Grand Slam (ganar los cuatro torneos "grandes" en su carrera), entre otras maravillas. Y, a pesar de todo, es el apestado.

Mi papá, un gran conocedor, jugador y fanático del tenis, me preguntó una vez, en un tono más de lástima hacia el manacorí (así no se enojaría), por qué será que nadie lo quiere. "Pocas veces reclama, cuando hay una bola dudosa a favor de un contrario se l
a da por buena, si pega una bola y la gana de suerte pide perdón, sus declaraciones siempre son para alabar a sus contrarios... parece como que no hay razón." Realmente parece que no la hay.

Recuerdo las primeras veces que lo vi jugar. El primer partido que recuerdo de él, fue la semifinal de Roland Garros 2004, cuando venció a Federer. Era número cuatro del mundo y Federer ya era número uno, el favorito y querido de la afición que es. Fue una sorpresa. Recuerdo cuando lo vi, con sus pantalones pesqueros, su playera sin mangas, su banda en la cabeza, su pelo largo, su jalada de calzón y acomodada de calcetines (la cual ha borrado de su repertorio de compulsiones) y pensé para mis adentros "Ese cuate
es un mamón."

Y realmente es un mamón dentro de la cancha, el tipo. Creo que en eso recae la tirria que mucha gente le tiene. Es alguien que muy difícilmente puedes pensar que podría llegar a ser tu amigo. No te puedes identificar con él, como puedes hacerlo con Djokovic, Federer, Roddick o chavas como Maria Sharapova, Caroline Wozniacki, Kim Clijsters o Li Na. No es alguien que invitarías a tu fiesta de cumpleaños a cotorrear. Parece que no sabe divertirse.
Nadal llega a los partidos, con su maletota, sus tenis hechos a la medida, su banda bien atada a la cabeza y sus dos pinches botellitas de agua. Quien no lo ha visto jugar, no entendería por qué me desesperan. Sucede que, cuando toma agua, toma de ambas botellas y las deja siempre en el mismo lugar y al mismo nivel. No tengo la menor duda de que Nadal tiene DOC (Desorden Obsesivo-Compulsivo). El botar tanto la bola como lo hace (nunca menos de diez veces), acomodarse el cabello, el calzón, antes las medias, ahora escupir, el acomodar sus botellas, son síntomas claros de algún problema que tiene. No me las doy de psiquiatra, solamente que no se puede negar lo que se ve.

Cuando el juez de silla llama a los jugadores para el volado, Nadal va al centro y se mueve como boxeador TODO EL RATO. He cachado a más de algún contrincante haciendo una fabulosa y priceless cara de WTF. Luego, cuando va a calentar, se va corriendo a toda velocidad hacia el fondo de la cancha. Parece toro recién salido al ruedo. Quizá es esa la razón del logo que le hizo Nike para patrocinarlo. Esa misma corretiza agarra cuando ya van a jugar, cada cambio de cancha.

Su casi hiperactividad que muestra antes de jugar es totalmente contradictoria con su comportamiento ya dentro del partido. Rafa dura HORAS para sacar. Por su botar tanto la bola, acomodarse tanto el calzón y escupir tanto, parece que no le pasa el tiempo. Discúlpenme, pero eso, ¿qué chingados? La pobre gente que pagó un dineral por ver su partido va a ver tenis, no compulsiones de un mamoncillo (que resulta ser el mejor jugador del mundo en la actualidad). Eso, en el solazo de París, se traduce en un descontento del público. Quizá no es muy explícito, pero se nota.

Cuando festeja, en lugar de hacer un ademán de gusto como cualquier otro, hace un pote con su brazo, para mostrar su musculatura y "demostrar" que es superior a su rival. Cuando gana, a diferencia de gente como Agassi (que, paradójicamente odiaba jugar tenis), Federer, Djokovic o Sharapova, quienes hacen reverencias hacia la gente que los va a ver, Nadal se tira al piso para celebrar muy hacia sí mismo su victoria.

Nadal es introvertido, pero de una manera arrogante. A esto, hay que agregarle el hecho de que ha vertido algunas declaraciones desafortunadas, como decirle Sudaca (expresión peyorativa de los españoles a los sudamericanos) a Gaudio (quien tampoco es un pan de Dios) o decir que las mujeres no deberían ganar lo mismo que los hombres en los torneos.

Nadal es un jugadorazo. Desde muy pequeño fue entrenado para ser el mejor, al grado de que, si nunca se han fijado, es un derecho natural hecho zurdo para jugar. Sin embargo, es un mamón y eso le ha hecho estar peleado con la masa, quienes prefieren que le ganen. Corean los nombres de sus contrincantes y esto, como una vez dijo él mismo, duele.

Nadal es el malquerido del tenis. El mejor jugador del mundo, pero el menos favorito.

domingo, 22 de mayo de 2011

12:50, press Return


Nunca he encontrado un ejemplo cinematográfico más claro sobre "tomar decisiones", que esa escena fabulosa en "PI, el orden del caos", cuando Max, el personaje principal, tras haber alimentado en su computadora, una serie de datos muy larga, a un algoritmo que llevaría, posiblemente, a entender un poco el caos en el universo, duda antes de oprimir el botón de ENTER.

Muchas veces estamos sentados en una mesa de un café frente a una hermosa mujer y dudamos antes de decirle "Te quiero"; o hemos maquinado todo un plan de vida y una propuesta y dudamos antes de presentársela a una persona involucrada en ésta; o dudamos más adelante, antes de contar ese plan de vida a una persona querida que se verá afectada por ese proyecto.

Muchas veces, estamos frente a la computadora y, tras escribir un correo larguísimo o un comentario en un chat que puede ser importante, dudamos antes de oprimir "enviar", mientras vemos con dolor cómo se burla de nosotros esa línea vertical parpadeante al final de nuestro texto.

Muchas veces tenemos marcado un número telefónico y dudamos antes de presionar el botón verde de enviar.

Muchas veces, sólo dudamos... Y, a veces, también, no hacemos lo que deseamos con todo el corazón hacer aunque dudemos. Y es cuando nos arrepentimos.

Me atrevo a asegurar que ninguno de nosotros se ha arrepentido de haber presionado el botón de "enter" en esos momentos.

12:50, press Return.