lunes, 4 de enero de 2010

Adiós, 2009. GRACIAS SINCERAS por todo (pero nunca vuelvas)

Imaginen una gran aventura a través de una selva tropical, lluviosa, lodosa, hermosa; con árboles enormes, flores inconcebibles, animales únicos; con senderos, veredas... y fosas, ríos caudalosos con piedras, montañas resbalosas. Imaginen que debieron cruzar esa selva sin saber en qué se metían, pero debieron arreglárselas para salir de ahí. Cuando regresaran a casa, ¿qué sería lo primero que desearían? Seguramente quitarse esas ropas lodosas y ensangrentadas por las heridas que les causaron las inclemencias del trayecto. Aunque hubiera sido la mejor experiencia de la vida, solo querrían quitarse esa ropa y darse un buen baño.

Algo así ha significado el 2009 para mí: Ha sido, definitivamente, el mejor año de mi vida... y, al mismo tiempo, ha sido el peor. Es un sentimiento tan contradictorio, que difícilmente podría comparar con algo diferente a esa selva. Al final del 2009, solo quería llegar al 2010, quitarme esas ropas lodosas, rotas, manchadas, y darme un buen baño caliente y descansar un poco.

Pasaron tantas cosas en este 2009... Tantas, tantas. Ha sido el año del verdadero cambio para mí: he tenido que intentar ganarme la vida de alguna manera. Comencé a dar clases y conocí, de esta manera, lo que es encargarse aunque sea un poco de las mentes que dirigirán el mundo. Estas personas que he tratado de enseñar - perdón, que he tratado de que aprendan -, van a ser los presidentes de México cuando mis hijos sean jóvenes, van a ser los líderes de opinión muy pronto y, de cierta manera, sin querer sonar presuntuoso, estoy inculcándoles un poco de lo que llevarán a la vida cuando crezcan. Eso es parte de lo bueno del año. Aprendí lo que es tratar de enseñar, la felicidad de poner un 100 y la angustia de reprobar a alguien (aún mayor que la de reprobar uno mismo). Y, gracias a esta actividad, también conocí a gente extraordinaria que ha llenado esta parte de mi vida.

Este año, terminé de escribir mi tercer libro (nada bueno, por cierto). Creo que es el mejor libro que he escrito y, aunque está tan en las sombras como los otros dos, me hizo darme cuenta de que he madurado en cuanto a mi escritura. No soy un buen escritor, pero, al menos, sé que en unos cuantos años, cuando lea este libro de vuelta, va a agradarme. También me decidí a tener este blog y a ser un poco más constante en mis notas. Ahora escribo poesía, algo a lo que le rehuía. Y eso, definitivamente es bueno.

Y, cuando miro a esto, me doy cuenta de que no he logrado nada. El ser un escritor desconocido, el no ejercer mi carrera en sí, el darme cuenta de que, quizá esto que les enseño a mis alumnos se los estoy enseñando mal, me llena de angustia. Me preocupa bastante, porque (y no quiero decir en serio lo que voy a escribir) quizá entienda más de estilo literario que muchas personas que se dedican a enseñar sobre ello, a lo mejor hago mis clases más amenas que algunos profesores consumados de doctorado o post-doctorado, probablemente entiendo la teoría de la electrónica de potencia mejor que mucha gente que se dedica a ello en la práctica... y, sin embargo, no he logrado nada. Y esa angustia no la tuve nunca. Siempre estuve seguro de todo cuando era chico. Ahora, de lo único que estoy seguro es de que quiero lograr algo, pero no sé cómo.

Ahora bien, este año ha sido un sube y baja de en el plano emocional. A finales de febrero comenzó una verdadera locura de situaciones increíbles. Desde una relación que se puede describir como un noviazgo de años comprimido, encapsulado y procesado en algo así como mes y medio, hasta un beso inesperado con su obvia dosis de incomodidad, pasando por gente increíble que me ha llenado de alegría con su amistad, hasta aterrizar en un fin de año diferente a cualquier otro, tras haber pasado situaciones grandiosas con una amiga a la que no cambiaría por nada en el mundo.

Y, al final de todo, sigo en la búsqueda de quién llene ese hueco que me molesta como un quiste. Sigo esperando esa mujer que llegue para cubrir ese lado de la cama que se ve tan solo. Sigo deseando a esa musa que llene mis labios con sus labios, mis brazos con sus abrazos y mi humedad con la suya.

Tengo amigos y eso jamás se lo reprocharé al destino. Ellos, junto con mi familia son lo mejor que me ha dado esta vida. Y, este grandioso año (y digo "grandioso" sin el menor dejo de amargura o sarcasmo), me ha brindado la fortuna de conocer a más gente que puedo llamar amigos. Es algo que pocos años logran y este 2009, tan titánico como vino, lo hizo.

Definitivamente se me ha hecho el año más largo que he vivido. Enero se ve tan lejano; la influenza pareciera de otro siglo; la crisis económica me llevó a un estado de aletargamiento que me permitió escribir y escribir. Y, entre todas estas cosas, y digo TODAS, tan buenas como son (siempre hay que verle el lado bueno a todo), llegó la muerte de mi abuelita, para marcar el único hecho que puedo llamar realmente malo (al menos en papel, porque la muerte, tan inevitable como es, implica solamente continuar, cerrar un ciclo y volver a empezar para todos). Y, al haber sido la muerte de una persona tan querida, me lleva a sonreír al recordarla, porque sólo puedo honrarle al recordar los momentos gratos que vivimos; como dice Serrat, "sus recuerdos son cada día más dulces".

Y, solo me queda mirar atrás para entender que la carrera que estoy ejerciendo y la que estoy dejando de ejercer; la literatura que escribo y las mentes que estoy corrompiendo; las poesías que he decidido inventar y los pensamientos que comparto y comparten conmigo; las situaciones, los besos, las caricias, los amores platónicos; todo lo vivido este año ha sido de gran enseñanza, han hecho al 2009 el año más increíble, hermoso, lleno de enseñanzas que jamás haya imaginado.

Por eso brindo por el 2009. Le agradezco todo lo bueno que ha traído. Ojalá que sigan existiendo años como este para aprender. ¡GRACIAS POR TODO ESTO! Pero, de verdad, ¡vete y no regreses nunca más!

jueves, 17 de diciembre de 2009

...

OK... Creo que no me lo merecía, pero bueno...

domingo, 13 de diciembre de 2009

Tengo ganas


Tengo tantas ganas de verte otra vez. De un modo u otro, te has convertido en una adicción: sé que me haces daño y aun así te busco. Y no me haces daño tú por ti misma, sino por tu posición hacia mí: ajena , etérea, imposible.

Escucho en ocasiones lo que dices, lo que hablas y siento que quizá imagino todo y eres más terrenal de lo que creía: quizá no eres un ángel. Quizá, solamente eres una mujer más y estas ansias que siento por tener tus caricias, las sientes tú. Pero no puedo saberlo; te idealizo y al ser ideal, no sientes nada, no escuchas nada, eres perfecta y nada más.

Entonces, ¿qué debo hacer? Creo que solamente puedo esperar a que te descuides al danzar flotando en tu nube y resbales o caigas sin quererlo y caigas a mis brazos. Y cuando caigas y te atrape y me mires por fin como este amante que ahora soy y que seré siempre, te tomaré de la mano por el camino de este mundo al que eres ajena; te sonreiré aun cuando tengas tanta rabia que hasta tu hermosa mirada me hiera; te escribiré poemas a diario; te cantaré canciones de cuna para proteger tus sueños; dormiré contigo y soñaré contigo; despertaré contigo cada mañana con un brazo cubriendo tu cuerpo tembloroso de amor; envejeceré junto a ti (no contigo, porque tú eres eterna) y moriré sabiendo que amé a un ser celestial, el único verdadero camino para llegar al cielo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La vida...

La vida es rara. A veces es cruel, a veces es buena. Pero siempre es rara. Es como el océano: nunca sabes cómo te tratará.
Personalmente nunca me he considerado pesimista. Por el contrario, le busco el lado bueno a las cosas y, aunque esté triste, doy sonrisas sinceras a la gente que me rodea. Y, aunque recientemente sufrí la pérdida de un ser muy querido, debo decir que me siento afortunado.

Ha sido un tiempo de reflexión y autoconocimiento y he llegado a un punto de mi vida que es más fácil mirar para adelante que para atrás:

No tengo mucho dinero, pero trabajo para ello.
No tengo amor (creo), pero trabajo para encontrarlo.
No tengo presente, pero trabajo por un futuro.

Espero que así siga esto. Ojalá que este camino siga siendo mi sendero.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Quise

Quise hablarte el día de hoy, a esta hora de la noche, para decirte que lo siento.
Quise decirte que lo siento tanto por no ser alguien mejor.
Quise decirte que siento mucho no tener palabras ni mejores argumentos.
Quise hablarte de ninguna cosa que no fuera de mi amor.

He querido tantas veces ser el hombre de tu vida, aun sin que lo quieras.
He deseado con tantas ganas y tanta pasión tener tus besos.
He querido poner en palabras mis sentimientos de muchas, muchas maneras.
He deseado tu voz, tus palabras, tu calor y tus sueños.

Quise llamarte para decirte en voz alta lo mucho que te deseo.
Quise llamarte para que me dijeras que me deseas tanto como yo, y tener tu humedad.
Quise rozar con mis ojos tu cuerpo y con mis labios tu pecho.
Quise rozar tu mente, tu alma con este corazón que solo puede ofrecerte verdad.

He sido un tonto, porque aún el día de hoy estás en mi mente.
He sido un idiota, porque sé que en algún momento, algún día pudiste ser mía.
He sido un suicida, pues muero cuando te veo y siempre deseo verte.
No he sido nada, porque nada he sido y nada seré, nada es un hombre sin fantasías.